La injusticia es el material combustible que alimenta los fuegos de la violencia. Pero la religión es, demasiado a menudo, el fósforo que prende ese fuego. Muchos combatientes jóvenes, heroicos, creen que cumplen con la voluntad de Dios cuando pilotean aviones contra edificios o lanzan bombas sobre aldeas. El diálogo interreligioso tendrá que aceptar la cuestión de por qué es tan sencillo que las religiones sean explotadas para fomentar la violencia y odio. Lo que puede fácilmente convertir a los creyentes religiosos en guerreros religiosos es la creencia que su religión es exclusivamente superior a todas las demás, que Dios ha elegidos a su religión para ser el único camino, o el camino final, por el que la humanidad encontrará la verdad, o la salvación o la iluminación. |